MATRIARCA FLAMENCA 2018 LOLE MONTOYA

DOLORES MONTOYA RODRÍGUEZ “LOLE MONTOYA” (Sevilla, 1954)

Nació durante la primavera de 1954 en Triana (Sevilla). Hija de Juan Montoya, bailaor, y de Antonia Rodríguez “La negra”, cantaora y bailaora nacida en Orán (Argelia). Gracias en parte a que su familia, de raza calé, era “uno de los grupos más intensos y compactados del mundo del flamenco”, Lole pudo tener el privilegio de curtirse desde muy pequeña en tablaos de prestigio como Los Gallos (Sevilla) o Las Brujas (Madrid).

Lole también llegó, ya como adolescente, a compartir el mismo escenario con gente de la talla de la Perla de Triana o Camarón de la Isla, de quien fue intima amiga junto al que por entonces era su marido y pareja artística, Manuel Molina, no en vano, Lole y Manuel en 1994 le dedicarían al genio de la Isla una canción titulada “Arriba el Cielo”.

El comienzo de la discografía de la pareja, que se produjo en 1975 con la edición de un disco titulado “Nuevo Día” (Movieplay), coincidió con un sorprendente éxito que les permitió verse favorecidos por el publico desde el principio. Éxito que continuaría durante los siguientes ocho años, con la sucesiva edición de trabajos: “Pasaje del Agua” (CBS), “Romero Verde” (CBS), “Al Alba con Alegría” (CBS) y “Casta” (CBS). Raimundo Amador de Pata Negra), El Niño Jero, Alvaro (de Dulce Venganza) y Manolo Marinelli (de Alameda) son sólo algunos nombres más de entre los muchos que figuraron como colaboradores durante esos años.

Lole Montoya es la mitad de ese dúo que presagió el futuro del flamenco en 1975, el año en el que amaneció un ‘Nuevo día’ para los españoles.  A finales de 1986, dos años después de la publicación de “Casta”, deciden separarse. Lole Montoya vuelve a la escena del espectáculo, esta vez abrazando el más puro estilo árabe clásico. Y es que desde su infancia, por la influencia de su madre, había tenido mucho contacto con el mundo y la música árabe. Relación que marcó su carrera profesional, de forma que entre otras cosas curiosas llegó a ser invitada por el Rey Hassán II a cantar en su palacio de Rabat acompañada por la orquesta El Hilal.

En 1991, se produce un primer reencuentro artístico de Lole y Manuel, y esto, por todo lo alto en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, concierto que sería editado en un disco. No era este, como tampoco lo serán los siguientes, un reencuentro definitivo. Después de todo esto la pareja vuelve a desaparecer para volver a reaparecer en 1992 con la interpretación de algunos fragmentos del Amor Brujo de Falla. De este acontecimiento quedó para la historia una grabación editada por pasión con el título de “Lole y Manuel cantan a Manuel de Falla”.

El siguiente paso lo darán años después, en 1994, cuando Virgin Records hace un magistral lanzamiento de la sexta grabación oficial de Lole y Manuel juntos, titulada “Alba Molina” en honor a su hija de quince años que tenían en común. “Nunca la vuelta de unos artistas había despertado tanta expectación tan sólo con la noticia de su regreso”.

A partir de ahí, Lole Montoya publicaría en solitario tres discos “Liberado” en 1996, “Ni el oro ni la plata” en 2003 y “Metáfora” en 2008. Actualmente prepara un nuevo trabajo dedicado al cantante estadounidense Franck Sinatra.

Lole Montoya sigue manteniendo vivo el espíritu de Lole y Manuel. Tanto en sus recitale, escasos, por desgracia, como en sus discos en solitario, la cantaora reivindica la innovación, la personalidad y la creatividad de una formación cuya escuela sigue alimentando. La apuesta de Lole Montoya sigue pasando por la música, por la mirada al norte de África, por el mensaje: “Después de ‘La mariposilla’ no puedo cantar cualquier cosa, lo superficial no me llega”.

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